Alejandro Andrade, por medio de sus operadores en el sector privado, uno de ellos, Raúl Gorrín, se aprovechó del diferencial cambiario venezolano para obtener jugosas ganancias en un mercado que involucra a la tesorería nacional, a un banco en el exterior, a la banca privada y, por supuesto, al silencio cómplice de los organismos del Estado.
A través de esta operación, el grupo
financiero que desde el año 2011 viene desarrollando este mecanismo ha
destruido las reservas internacionales del país al comprometer las divisas del
Banco Central de Venezuela para enriquecer los bolsillos de este grupo
económico, llevando estas al exterior e inyectado las arcas del Estado con más
bolívares, consecuencia que el país ya comienza a evidenciar.
Modus operandi
La Tesorería General de la Nación, que
presidía hasta el mes de abril la licenciada Claudia Díaz, operador financiero
de Raúl Gorrín, accionista de Globovisión y Seguros La Vitalicia, y a su vez
ficha directa del teniente Andrade, apoyada en la necesidad del Estado de
cumplir compromisos de deuda externa, solicita al Banco Central de Venezuela
las divisas correspondientes para saldar tal compromiso mediante certificados
en dólares que eran ofrecidos por corredores internacionales a la Tesorería de
la nación.
Al aprobar el Banco Central de
Venezuela tal certificación en dólares, exige el equivalente en bolívares
fuertes, a tasa preferencial, es decir, 6,30, más una prima como garantía. Una
vez culminado este paso, el BCV liquida los dólares en la cuenta de un banco en
el exterior del corredor internacional que hizo la solicitud. Liquidado el
monto, el mismo es negociado entre los operadores financieros venezolanos con
compañías o “clientes” de su entera confianza, transacción que se realiza en los
hoteles y centros comerciales más lujosos de Caracas.
Una vez contactados los clientes, el
operador que negocia los dólares vende las divisas en el mercado paralelo
venezolano a una tasa mucho mayor a la que fue obtenida, lo que deja jugosas
ganancias cuyo equivalente es depositado en una cuenta “fantasma” en el banco
venezolano BanPlus.
Concretado esto, el banco
internacional en cuestión dispara los dólares ofertados a los respectivos
clientes. El banco local paga el certificado en dólares al BCV y el remanente,
resultado de vender a una tasa de cambio mucho mayor, es negociado entre los
protagonistas de esta transacción.
La clave
El punto álgido de esta operación
ocurre a la hora de pagar en bolívares el certificado emitido por el BCV, pues
se requiere la participación de un banco local que salte toda la legislación
venezolana sobre legitimación de capitales.
En una edición pasada del diario
económico El Comercio, se demostró como la institución financiera BanPlus
realizaba este procedimiento. Una de las primeras operaciones realizadas de
este esquema ilegal tuvo lugar a mediados del 2011 mediante la negociación de
certificados en libras esterlinas (UKT) a través de un banco suizo, pues los
estrictos controles estadounidenses podían entorpecer la operación.
Este monto liquidado y emitido por el
Banco Central de Venezuela fue convertido en dólares por medio de un bróker
principal, quien es ficha clave de Andrade y Gorrín, por medio de un fondo de
inversiones de su propiedad en la ciudad de Nueva York. La realización de esta
operación de varios de cientos de millones de dólares se hizo mediante un banco
offshore de Curazao, es decir, en un “paraíso fiscal” donde hay mayor libertad
en las operaciones financieras de personas y empresas no residentes en esa nación.
Este monto en dólares es negociado por
medio de los operadores cambiarios -uno de ellos Raúl Gorrín- con sus clientes
VIP en prestigiosos hoteles y centros comerciales del país. El monto,
equivalente al valor en dólares, es depositado por tales clientes en una cuenta
bancaria “fantasma” en el banco BanPlus, sin generar mayor alarma por parte de
los organismos del Estado. La clave está en que Andrade maneja muy bien las
relaciones con el director General Contra la Corrupción Organizada de la
Fiscalía General.
Una vez confirmado el monto total
equivalente en bolívares de lo negociado en dólares, el banco internacional
dispara los dólares en las cuentas extranjeras de los clientes VIP y el banco
venezolano paga el equivalente al certificado solicitado al Banco Central de
Venezuela, mientras que el remanente, producto de la venta en una tasa mucho
mayor a la ofertada, es repartido entre los operadores financieros y partícipes
de la acción.
Los operadores
En esta operación, que ha dejado
jugosas ganancias alrededor, se han beneficiado operadores financieros que han
logrado amasar una fortuna significativa, así como aquellos funcionarios
públicos que, con su silencio cómplice, o su colaboración dentro de tal
maniobra, han sido también premiados. Alejandro Andrade, que logró amasar un
poderío económico cuando fue tesorero de la nación, es uno de los actores
principales de este esquema ilegal.
Este teniente, que fue denunciado en
distintas oportunidades por el ministro Giordani, siempre era protegido por el
mismísimo Chávez, quien le tenía mucha estima desde que ambos eran jóvenes. De
hecho, fue Andrade uno de sus edecanes durante su campaña presidencial en el
año 98. Ninguno de los ministros que pasó por el ministerio de finanzas pudo
detener sus ambiciones financieras.
Su poder en el mundo bursátil fue tal
que al salir de la Tesorería de la Nación en el 2011 pone en el cargo a la
licenciada en Enfermería, Claudia Díaz Guillén, titular de la cédula de
identidad 11.502.896 y una de sus fichas. Esto le permitió seguir trabajando
bajo la sombra de esta institución, donde realizó las operaciones mencionadas,
que golpearon el aparato financiero del país. Como dato anecdótico, hay que
resaltar que Claudia Díaz fue enfermera del fallecido Chávez en la misma época,
quien en un suceso fuerte y por su alta religiosidad, le sacó la Biblia al ex
presidente y le dijo que escuchara la palabra del Señor.
El enrosque
Sin embargo, para que Andrade pudiese
realizar tales operaciones con facilidad, necesitaba la complicidad de otras figuras
claves ahora en la operación en cuestión. Es así como surge el nombre de Raúl
Gorrín, uno de los operadores del teniente, famoso por las negociaciones
mencionadas con los clientes VIP y hoy directivo del canal Globovisión. De
hecho, fuentes cercanas a la venta sostienen que el músculo financiero de la
compra del canal fue Andrade. Otros operadores vinculados a este negocio son
Gustavo Perdomo, Juan Domingo Cordero, entre otros, que forman parte de la
banda judicial Los Enanos, famosa por su actuación en el TSJ en la manipulación
de expedientes, ocultamiento de antecedentes penales y cobro de altas
comisiones. Esta organización está vinculada además con los expedientes del
caso Anderson.
Fue él (Gorrín) además quien puso a
Gabriel Lovera como tesorero en Banfoandes, que antes se encontraba en la
compañía de seguros La Vitalicia, adquirida por Juan Domingo Cordero y Raúl
Gorrín (InterBursa). De hecho, al salir de la tesorería de Banfoandes, lo ponen
nuevamente en InterBursa. Ellos son los verdaderos responsables de los manejos
de Banfoandes en los bancos intervenidos.
El hecho de contar con tales
operadores financieros le permitió a Andrade cerrar en tiempo record la
negociación en bolívares con el Banco Central de Venezuela, que permitió que el
instituto extranjero donde se encontraba los dólares que liquidó el BCV
disparara en las cuentas internacionales el debido monto.
Reina la impunidad
Tales negocios financieros, ilegales,
por cierto, permitieron a estos nuevos empresarios generar grandes sumas de
dinero mientras golpeaban fuertemente el pilar fundamental de las reservas
internacionales del país, trayendo consecuencias significativas actualmente.
Esto llevaría a indagar si el Estado y las instituciones competentes en materia
financiera estarían al tanto de tal procedimiento.
Habría que preguntarse cómo pudo el
banco mencionado en este proceso lograr depositar la cantidad equivalente a un
millón, diez o cien millones de dólares en las cuentas “fantasmas” de esta
institución financiera sin prender ninguna de las alarmas de los organismos del
Estado ante el peligro de legitimación de capitales o lavado de dinero. Uno de
sus contactos en la Fiscalía, Alejandro Castillo, hoy director general contra
La Delincuencia Organizada, es uno de los manejados por Andrade y Gorrín para
poder mantenerse impunes en tal mecanismo.
Habría que preguntarse ahora qué
vínculos tiene este grupo con la Sudeban, o qué ficha tiene dentro de este
organismo, que no ha exigido a la institución bancaria en cuestión ningún
estado de las cuentas donde son depositados hasta más de 70 mil bolívares de
los de ahora, para poder comprar divisas a una tasa preferencial, muy por
encima de la oficial y muy por debajo de la que comúnmente consigue el
venezolano de “a pie”.
Los cheques
Luego de divulgado aquel episodio en
el año 2006, cuando Raúl Gorrín, en ese entonces abogado en ejercicio, fue
denunciado por extorsión, donde pedía la cantidad de 70 millones de bolívares
por medio de mentiras, información que fue publicada en una edición reciente
del diario El Comercio, resulta curioso como sólo un año después recibía
cheques de empresas bursátiles por el orden de un millardo de bolívares de los
antes.
Así pudo ser corroborado por el equipo
de investigación de este semanario, que tuvo acceso a una serie de cheques
emitidos por empresas bursátiles por el orden antes mencionado a nombre de Raúl
Gorrín; habría que preguntarse si estos tendrían vinculación con su cargo en la
dirección de Interbursa como intermediario o si serían los primeros pasos de
Gorrín en el mundo de las operaciones cambiarias. Causa ruido que el
establecimiento donde se emiten todos estos cheques es el CCCT, lo que
indicaría que sería este uno de los lugares donde operaba el abogado.
Por ejemplo, el 29 de junio del año
2007, Gorrín recibió un cheque a su nombre, de la mano de la compañía Venafin,
por la cantidad de novecientos millones de bolívares de los de antes. Cabe la
inquietud de saber cómo esta empresa logró tener en su cuenta tal cantidad para
realizar un cheque por ese monto. Pero cabe aún más la inquietud de saber por
qué lo recibió Gorrín. Fuentes vinculadas al área sostienen que a partir de
esta época ya se había verificado que Gorrín, junto a Pedro Bracho, trabajaban
para Andrade como operadores financieros.
La investigación, de la que estaría al
tanto en ese momento el ministro Giordani, que buscaba acusarlo con el
presidente; demostraría, por lo menos, que Gorrín ya realizaba sus primeras
operaciones financieras en negocios de moneda extranjera. Si se hace un cálculo
rápido, para el mes de junio, fecha de emisión del cheque, el dólar en el
mercado paralelo se cotizaba en 4 mil 100 bolívares (de los de antes), que al
ser relacionado con la cifra en cuestión, 900.000.000.00 demostraría que la
empresa en cuestión habría comprado más de 200 mil dólares en el mercado
paralelo de ese entonces.






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